- Si, si, si....Siiii. gritaba el hombre en medio de algún acto desesperado, nunca heróico.
Recordaba el ceño fruncido, los gestos humildes, llenos de una violencia sorda, alguna costumbre pequeña.
El gesto al ir delineando palabras sin sorpresa, articulando mímicas repetidas ya sin hazar.
Quería poder tomar un poco de piel, pasarla lentamente frente a su rostro, olerla hasta quitarle su aura espesa, entregarse perdido a algo que no fuese un recuerdo empecinado, no; deseaba cruzar sus miradas en algún quimérico futuro o lejano reclamo, no. ni deletrear juntos cúspides en cada movimiento de la manecilla de algún tiempo perdido ya.
Solo tenerla, ahí. sin permiso, sin más remitente que un adios.
y no decirle palabra alguna.
Para qué?
Sobre ella llovia un dolor que se iba diluyendo en los pliegues de su piel,
sobre ella sonreía el sol y la brisa fresca, dolores coloridos...corroyendo todo.
Ahhh el hombre sediento y en medio la misma nada.