viernes, 28 de junio de 2019

Y claro, si yo me despidiera abanicando la mano, diciendo simplemente adiós.


Pero se me mueve un color en las venas, un rojo absurdo y penetrante hecho de deseo espeso y adioses…y se abalanza una noche de palabras y ojos verdes como praderas bajo el sol, y me baila un bolero lamentoso… como un síncope de nubes y detestables tormentas de lodo que se aplasta al peso de atormentados transeúntes, y tooodo el día me rodea una sed de la risa, y me siento triste.
Y pienso en nuestra mirada, en esa ventana a un mismo abismo de plenitud.
¡Y si!!! Se va todo eso, y lo mismo se queda…una sed sonriente, una paz de cementerio.
¿Y si tan solo cerrar los ojos?
Pero tanta cumbre ajena, tanta cúspide del deseo.
Y siendo viento, sublime manjar del tránsito.
Ese, a veces pasa dejando una estela de melancolía.
Siéndola… una mirada desplegada como la blancura del sol en las velas del navío.
Como un recuerdo perseguido.
Un deseo que no cesa.
Una marea llena de sal.
Como la sensación de defender algo caduco.
Una insignia hecha de transparencia.
¿Y cómo me despego de esto que tanto quiero defender?
Unsuspirovieneyvaempecinadoenmialma.
Y yo no puedo dejar de ser esto, y yo por qué me paro y me hago a un lado y miro sin desespero?

Envejezco en la memoria como un adiós de nadie.