Pero se me mueve un color en las venas, un rojo
absurdo y penetrante hecho de deseo espeso y adioses…y se abalanza una noche de
palabras y ojos verdes como praderas bajo el sol, y me baila un bolero
lamentoso… como un síncope de nubes y detestables tormentas de lodo que se
aplasta al peso de atormentados transeúntes, y tooodo el día me rodea una sed
de la risa, y me siento triste.
Y pienso en nuestra mirada, en esa ventana a un
mismo abismo de plenitud.
¡Y si!!! Se va todo eso, y lo mismo se
queda…una sed sonriente, una paz de cementerio.
¿Y si tan solo cerrar los ojos?
Pero tanta cumbre ajena, tanta cúspide del
deseo.
Y siendo viento, sublime manjar del tránsito.
Ese, a veces pasa dejando una estela de
melancolía.
Siéndola… una mirada desplegada como la
blancura del sol en las velas del navío.
Como un recuerdo perseguido.
Un deseo que no cesa.
Una marea llena de sal.
Como la sensación de defender algo caduco.
Una insignia hecha de transparencia.
¿Y cómo me despego de esto que tanto quiero
defender?
Unsuspirovieneyvaempecinadoenmialma.
Y yo no puedo dejar de ser esto, y yo por qué
me paro y me hago a un lado y miro sin desespero?
Envejezco en la memoria como un adiós de nadie.
