viernes, 15 de marzo de 2019

el otro

Ni ese instante.
Donde se funden océano y sol en una sangre lenta y roja, universal.

El lado de la moneda donde el rostro o la espada dan al azar el privilegio de su rutina.
La imagen inmaculada de un cristo sangrante y fatigado, la luz fraudulenta de un milagro instantáneo.

Un muerto más o mil muertos más todos son el fin de ese recorrido que es océano vasto.

Quise ser ese animal que luego de un acto acrobático y  heroico se esconde de nuevo en la oscuridad, desaparece.

Y sólo eso pudo algún día haber sido el último vestigio de mi mayor logro.

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