Y qué y saltas como si no pasara nada, dándole tu ultimo placer al viento y a la lucidez, terminas como Nietzsche, partido, lleno de senderos laberínticos, proclamaste tu caída como todo sabio cruel, la llamaste y la volviste parte de tu sombra.
Todos fueron advertidos.
Seguro te estaba esperando del otro lado la nada, manos abiertas, plenas, hacia ti, y tu creando palabras como puentes de aire entre ambos.
De eternidades esta hecho todo lo olvidado.
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