De ese material despreciable están hechas las cosas.
La luz de la luna, siempre nueva,
luz que a la media noche y en el campo guía,
en la soledad infinita del campo.
El sonido del viento en esta época siempre ha sido feroz, sin tormenta, seco e inútil.
Debajo de los parpados, emerge la copa, el sutil emprendimiento, la decencia infinita...
ese licor.
El fervor y después la inexpresiva lejanía, asiduamente he sido un sonido atento, impecable, de manos leviatanas y enmarañadas;
la misma forma del olvido, la confusión del que va perdiendo lo que antes pudo haber sido un recuerdo.
La desesperación llamada alzheimer o Parkinson, llamada lucidez, saberse...
Pero ya no,
He visto decaer imperios, los he saboreado
y en mi mano han dormido siniestras metáforas.
Displicente, de aire he rodeado mi morada.
El otoño de una dama cae bajo la sal del tiempo y tanto como para ella, para todos esta perdido.
No doy dos pasos sin mirar un poco hacia atrás,
hacia esa noción del tiempo llamada olvido, recuerdo.
Y me sorprendo.
Soy otro, yo soy otro, como Rimbaud,
otro y no fui, nada he sido.
Pero en tanto el tiempo discurre yo voy dejando atrás los últimos sonidos,
dejándome descansar y allanadome al vacío.
La antiguedad son ciertas cosas....recuerdos.
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