viernes, 2 de enero de 2015

Indómito
Baldío
Adornado con guirnaldas que se mecen ante el viento,
multicolores, danzando hasta perderse en la sombra.
Doblegado
Confuso
Dejando fluir libremente el pensamiento,
siendo parte de una vorágine de respuestas.
Atónito
Empecinado en permitirse la libertad mas plena
La soledad menos abyecta,
disimulada en un rostro impávido,
en unas manos que hacen todo delicadamente desmesurado.


Los dioses están complacidos.
Los muertos en sus sitios, la tierra devorando, lentamente la piel y los huesos.
Huéspedes indeseables.
Los dioses están complacidos y sonrientes.

Antiguedad.

De ese material despreciable están hechas las cosas.
La luz de la luna, siempre nueva,
luz que a la media noche y en el campo guía,
en la soledad infinita del campo.
El sonido del viento en esta época siempre ha sido feroz, sin tormenta, seco e inútil.
Debajo de los parpados, emerge la copa, el sutil emprendimiento, la decencia infinita...
ese licor.
El fervor y después la inexpresiva lejanía, asiduamente he sido un sonido atento, impecable, de manos leviatanas y enmarañadas;
la misma forma del olvido, la confusión del que va perdiendo lo que antes pudo haber sido un recuerdo.
La desesperación llamada alzheimer o Parkinson, llamada lucidez, saberse...
Pero ya no,
He visto decaer imperios, los he saboreado
y en mi mano han dormido siniestras metáforas.
Displicente, de aire he rodeado mi morada.
El otoño de una dama cae bajo la sal del tiempo y tanto como para ella, para todos esta perdido.
No doy dos pasos sin mirar un poco hacia atrás,
hacia esa noción del tiempo llamada olvido, recuerdo.
Y me sorprendo.
Soy otro, yo soy otro, como Rimbaud,
otro y no fui, nada he sido.
Pero en tanto el tiempo discurre yo voy dejando atrás los últimos sonidos,
dejándome descansar y allanadome al vacío.
La antiguedad son ciertas cosas....recuerdos.