Y apenado a veces me parecí a un ídolo.
Cadencioso y terco, lava de humo.
Imaginando siempre el porvenir, ése tenue.
Decidido solo a sobrevivir manteniendo
alguno que otro recuerdo ya vago, como una sensación,
El olor de una mujer que luego moriría,
La sorpresa de admirar pequeñas cosas.
Perdidas.
Hechas cálculo y silencio.
Carcajada de adioses.
Y a veces apenado me parecí a un ídolo.
Pero eso que fui, lo que soy, lo que nunca seré
ya no tiene temor.
Está preso, conoce
palmo a palmo los muros corroídos por el viento
a veces la torrencial lluvia.
Repetido.
Claro en su sombra,
Vislumbrando el próximo paso.
Esa máquina inútil.
Soterrada dulzura
Luna derramando ambrosía en mi boca.
Duermevela ante una estatua derrotada.
Y ahí, siempre cúspide, ido en el camino.
Creyendo.
Cadencioso y terco, lava de humo.
Imaginando siempre el porvenir, ése tenue.
Decidido solo a sobrevivir manteniendo
alguno que otro recuerdo ya vago, como una sensación,
El olor de una mujer que luego moriría,
La sorpresa de admirar pequeñas cosas.
Perdidas.
Hechas cálculo y silencio.
Carcajada de adioses.
Y a veces apenado me parecí a un ídolo.
Pero eso que fui, lo que soy, lo que nunca seré
ya no tiene temor.
Está preso, conoce
palmo a palmo los muros corroídos por el viento
a veces la torrencial lluvia.
Repetido.
Claro en su sombra,
Vislumbrando el próximo paso.
Esa máquina inútil.
Soterrada dulzura
Luna derramando ambrosía en mi boca.
Duermevela ante una estatua derrotada.
Y ahí, siempre cúspide, ido en el camino.
Creyendo.

