Traigo pequeños retratos de vidas pasadas, dormidas ya entre la noche y el silencio, me elevo desde el suelo para contemplar la belleza cotidiana, y aunque la oscuridad esta dormida como un día sin nombre o una vida sin sueños, no me apresuro, se que el fin siempre camina de mi mano, tomandome fuertemente, convirtiendome en un hombre que puede prescindir del aire y de si. Sé que no hay fin verdadero, se que en la vida hay un ciclo impetuoso que no acepta un no por respuesta.
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