El lugar del que dispone es mágico, aparentemente se mueve, pero las hojas secas también son llevadas por el viento, y así aún siguen deshabitadas, como él, inerte.
El sonido del viento que traspasa las hojas, se confunde con el sabor a sal que trae la brisa de la tarde, en medio del movimiento de un sol enorme e indiferente.
Las olas que ya son una evidencia de la vida, son un recuerdo hecho de sonido, sin más.
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