sábado, 19 de abril de 2014
Vertigo
El Hombre no alcanza el aire que a veces lo recorre, sus manos pueden sentir ese movimiento pero no abarcarlo, no tomarlo y poseerlo, sin saber qué es deber dejarlos ir, aunque ese dejarlos es un dejarse porque los desencuentros suponen dos, un otro, una espera, una renuncia, palabras que solo son soledad, supone.
Dejarse, a veces recorrer ese tipo de vacío se le hace exasperante...No se sabe dado, pero en medio de la caída lo corroe el viento, aunque lo va degradando a su más simple forma, hay formas del tacto que destruyen...y hay formas del silencio que crean las mas sublimes presencias.
Pero de qué o cuántos pedazos esta hecho su EL?, ese inmenso laberinto de arena que bien Borges lo nombró en letras que ya no importan....El Hombre no es un laberinto porque esta hecho de arena y de muros de aire. Es la nada, voilà!!! se encontro pensando saberse aprehendiendo algo valioso de si mismo y quedo con un puñado de sal en sus manos, sal de aire.
La inmesa libertad hecha ceño fruncido....Ahora Horacio, ahora di Horacio qué hacer con estas manos de clepsidra inagotable.
Y aunque siempre para El Hombre, todo sea un milagro, una sorpresa, la recompensa de lo cotidiano, no logra imponerse una disciplina, un rutina que lo fustigue porque ya todo lo interrumpe. Nada termina por ser en su tiempo de agua y arena, en sus manos llenas de sal.
martes, 8 de abril de 2014
La utopía y el sueño de K.
Con el sueño viene a veces una lluvia de imágenes, sonrisas, distracciones, silencios, invenciones, mientras él transeúnte se mueve por terrenos deshabitados, escombros tirados por todo ese espacio-tiempo, lugar predilecto de las sombras y de las ideas simples, de la vida y sus formas.
Con el sueño viene su rostro sin decirme nada, sus manos alargadas hasta mi boca, mi deseo unido al suyo lejos de mí, y saber que es amor...y saber que entre tanta distancia puedo sentir la muerte y el más dulce placer de saberla existir.
Frotó sus manos, estaban llenas de frío, húmedas....
contó las monedas de sus bolsillos, sintió que al fraguar todo, ya no había paso atrás. Aunque retorciendo siempre el sentido..perseguía un sueño, recordó moviendo los labios y pronunciando algunas palabras cortas..recitándose, orando un mantra...lo que su abuela siempre le decía,- persiste, sé como un perro con un hueso, no desfallezcas, nunca te des por vencido y no pienses dos veces una cosa...yo siempre estaré contigo.
tecla por tecla marco 2 33 05 16.
Mencionó dos cosas y salio lentamente.
Apretó las manos en los bolsillos y recordó el tiempo en que jugaba con sus plantas, las múltiples formas del goce...
ahora inspiradas para la sangre y el terror.
Silencio
Debería empezar por no nombrar algo, agotar la decadencia, dejarse llevar, pero es imposible no tratar de entender los tránsitos, los movimientos de lava, de saliva, esa especie del deseo que es el recuerdo.
El Hombre ha vuelto a soñar, en medio del encierro se han desplegado en su inconsciente imágenes de nubes, espacios interminables de la nada, lo onírico, ese sueño lleno de sentidos, de discursos amorfos y de relaciones dadas por la imaginación de un adicto.
Lo sueños, ese juego de palabras que quieren nombrar lo que las manos no alcanzan a tocar en pleno vacío...El Hombre quisiera tantas cosas y realmente no quiere nada. No ha entendido, supone, la placidez se le vuelve unas manos atadas, un cuerda amarrada a su cuello. Y a veces solo la libertad es un soplo de vida...es soledad...is autism.....
El Hombre manifiesta su condición sonriendo, alejando las preguntas, jugando con el entendimiento ajeno, siempre es más fácil engañar que decir abiertamente las cosas, siempre resulta más soportable al público lo obvio que la guerra de sentidos.
No escribe para nadie....
La espera.
El futuro me trae aire de sal, de selva y lentitud.
Los rostros merecerán mi calma y la tranquilidad de mi sosiego
El Hombre en su caminar pausado describe una marcha, la tenue tentación en cada uno de sus pasos....
Sus facciones van cortando el viento, surcando la noche con dos lámparas verdes llenas de oscuridad.
Continúa ante todo sin pausa, caminando lento y meciendo a su paso las gotas de rocío, las miradas impostoras y la brevedad de cada instante.
El fin
El lugar del que dispone es mágico, aparentemente se mueve, pero las hojas secas también son llevadas por el viento, y así aún siguen deshabitadas, como él, inerte.
El sonido del viento que traspasa las hojas, se confunde con el sabor a sal que trae la brisa de la tarde, en medio del movimiento de un sol enorme e indiferente.
Las olas que ya son una evidencia de la vida, son un recuerdo hecho de sonido, sin más.
Y ese blues tan bello...los ojos se me llenan....la vida.
Cuando murió su epitafio decía: Con que eso fue la vida...
Pero debajo de la tierra, él Hombre despertaba y meditabundo contaba los segundos que pasaban, sintiendo el lento toque de sus dedos contra una sabana seguramente blanca, su respirar estaría empañando el vidrio donde antes estaban seguramente los rostros desfigurados por el dolor, ante lo cual ya no quedaba nada, creyó verse en ese reflejo, intentaba construir, construirse en medio de ese momento. Qué podría haber pasado? se preguntaba y todo era oscuridad.
Juntó sus manos y las sintió húmedas. Frías.
Tenía un nudo sutil en la garganta.
Su mirada estaba clavada en la nada y pensaba en Borges, en algún reencuentro, en el intimismo, la sutil medida, el rencor de los muslos de una mujer adormecida, paladeaba antes de saberse asfixiado en medio del vicio de sus pensamientos, acercarse un poco a su lengua, lentamente como solía hacerlo y apretar su calor, penetrar con su mirada la muralla de sal, devolverla al vacío, entregarse al precipicio; pero todas esas fantasías no se permitían a plenitud, había una realidad de tajo, un reloj, un cedro que sería su cama, el espacio-tiempo, la medida de todas las cosas, pero la idea la pareció improbable....sabía que después de la muerte, la nada.
El Hombre se detuvo un segundo y comprendió que debía entregarse a otro momento; a su deseo único de morir de viejo y en paz....acariciando sus manos de papel...como las hojas del solar y las manos de Angélica...suaves...únicas.
La tersura de los recuerdos lo fue llevando, Octavio, subiendo su cabeza...esperando que pasará una cuchilla de afeitar que le devolviera un poco de esa vida que iba perdiendo ante el sol de la mañana, sabiendo...
El olor a caucho y humedad del sótano donde un hombre de ojos azules hacía la luz.....
Todo...era él y ese momento perdido ya.
No hay plazo que no se cumpla y el aire...que importante elemento.
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