A ese lúgubre desengaño, a la incontenible carcajada pero a su vez al silencio más atroz, al adentro, para algunos ese espacio diminuto es un infierno y otros simplemente se sorprenden al ver cómo allá no se modifica el paisaje, en cómo eso, ese ser también es una rutina, una limpieza, una forma sublime, una muerte cotidiana.
Adentro palpitan, majestuosos, múltiples sonidos, estos a su vez decaen en sinuosas oraciones, púlpitos de silencio y sal.
Cobardía.
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