viernes, 29 de noviembre de 2013

Olvide mi parte.

Un minúsculo aposento se acrecienta como un sol de agua salada en la boca, palpitante, lúgubre, extraño. Apaga un cigarrillo, un segundo antes, directamente en medio de unos labios rojos, a veces sonrientes los dientes, estrambótica la mirada , si alguien mas estuviera muerto en mi, Pessoa por ejemplo u Onetti?, No digo ser ellos, no NUNCA, Apócrifo sería, es sentir esa muerte. Punto. Adormecido, entonces va inspirando el resplandor de su escritura, inefable egoísmo lo irrumpe, estará siendo acaso extraño? imposible, ahora, no. Si todo es luz, entrega, infinito, el vacío, la nada. La tranquilidad tiene ojos verdes y azules o grises y blancos y dientes siempre dientes...son alucinantes, lo juro. Pero son solo momentos. No sabe El Hombre por qué termina todo siendo una posesión, una regla de vida. Por qué el verbo ser con alguien se convierte en quilombo? Acaso no sabe el mundo que , cualquier apuesta es simplemente una perdida? no sabe acaso el mundo que estar es simplemente ese segundo? que el después es solo una parte de la esperanza?, que es tan azaroso como el futuro? que un por siempre es una apuesta que ningún futuro puede sostener?

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