martes, 8 de octubre de 2013

Es como morir, pensó El Hombre, la sensación de absurdo, de error, de pérdida y olvido. La imaginación que en algunos casos lo ha salvado, viene a otros juegos, logra construir hasta los más ínfimos detalles de sus movimientos, la forma de sonreír, su ser en el mundo. "No entiende" susurra El Hombre, mueve sus ojos tratando de apaciguarse, los cierra, lentamente trata de hacer que el recuerdo deshabite su vida, que no existan figuras que lo desnuden y lo acorralen entre el suelo y el sol. Desearía una paz sin medidas, la sobriedad que traen los años y el amor que no es una desventura…es solo una manifestación del ser con otro. Pero a veces puede ser sabio el entender que todos los pasos se abalanzan sobre él, que esas imágenes son un pago por todo, son la sinuosa carretera, los paisajes que le quedan. El Hombre sabe y nadie más lo advierte, que en su camino sin sombras el permitirse sentir dolor es una quimera, pero no logra ubicar la sensación, no logra entablar con ese recuerdo más que una enemistad complaciente. Nadie puede ingresar a esa parte del corazón, solo está ese recuerdo en medio del vacío, mostrando la misma imagen, vinculándola con un sentimiento absoluto. Quisiera poder limpiarla o limpiarse, pero la lucha ya dice algo... Y El Hombre no es un ser de complacencias, ni siquiera con él mismo.

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