lunes, 21 de octubre de 2013
Qué son...
Huesos tendidos sobre unas sábanas, carnes fulgurantes, aromáticas y una noche pesada de sudor, de cobardía y de sutilezas olvidables.
Los ojos verdes llenos de simpleza, esa mascara del tiempo. Ser y no, ir a ningún lugar, todo sitio es ajeno, lugareño del olvido, descendiente de serpientes olvidadas y sonidos dispersos por el viento en medio del temor de cosas que ya no son.
En desacuerdo, grita El Hombre, en desacuerdo de lo que es dado, de la imposición moral, de la sordidez de los lineamientos de un mundo torcido para los más....
Esa mujer desnudaba su sencillez vuelta carne, poseída por su ser grita basta, encendida por un aroma susurra No, pero siempre esta la duda de manos moviéndose temblorosas, fingiendo ser la distancia.
Son huesos dice lúgubre el tango inexistente....
Son solo eso y nadie que te banque el peso de los días... el peso de los días, el adusto signo de su rostro diciendo, no tengo ni una fiola y mostrar luego la dentadura corroída por el tiempo.
Saber que alguna vez fue El Hombre entre sabanas y ahora solo sus huesos diciendo cloc cloc..acá no existe nada más excepto lo que queda.
martes, 8 de octubre de 2013
Es como morir, pensó El Hombre, la sensación de absurdo, de error, de pérdida y olvido.
La imaginación que en algunos casos lo ha salvado, viene a otros juegos, logra construir hasta los más ínfimos detalles de sus movimientos, la forma de sonreír, su ser en el mundo. "No entiende" susurra El Hombre, mueve sus ojos tratando de apaciguarse, los cierra, lentamente trata de hacer que el recuerdo deshabite su vida, que no existan figuras que lo desnuden y lo acorralen entre el suelo y el sol.
Desearía una paz sin medidas, la sobriedad que traen los años y el amor que no es una desventura…es solo una manifestación del ser con otro.
Pero a veces puede ser sabio el entender que todos los pasos se abalanzan sobre él, que esas imágenes son un pago por todo, son la sinuosa carretera, los paisajes que le quedan.
El Hombre sabe y nadie más lo advierte, que en su camino sin sombras el permitirse sentir dolor es una quimera, pero no logra ubicar la sensación, no logra entablar con ese recuerdo más que una enemistad complaciente.
Nadie puede ingresar a esa parte del corazón, solo está ese recuerdo en medio del vacío, mostrando la misma imagen, vinculándola con un sentimiento absoluto.
Quisiera poder limpiarla o limpiarse, pero la lucha ya dice algo...
Y El Hombre no es un ser de complacencias, ni siquiera con él mismo.
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