Se adhiere entre los pulmones y las costillas una sensación de vacío que le pega el estomago a su propio espinazo, debe ser una sensación de derrota o amargura por esta supone, supone bien como siempre pero se equivoca; no es amargura, solo derrota, sin más, un púlpito adormecido y en medio de la nada una mujer blanca tendía en el frío mármol su tibia, tibia sangre.
Un pequeño hilo que eternizaba el roce, la suplica, la cada vez más leve esperanza.
Y el tiempo, su tibia brisa, el sonido del reloj palpitante en medio de unos ojos agradecidos hasta el placer...
You don´t know what love is.
Susurraba...
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