No fueron necesarias abstracciones de ningún tipo.
Fue solo piel retorcida, carnes temblando, saliva y sudor, el aroma agrio del placer.
Un café lleno de sonrisas....buscándonos, soplando el pocillo y revolviendo lentamente con una cucharita y ella mirando el color negro como si fuera algo absolutamente extraño y ajeno, observando llover detrás de la ventana...otra vez llover.
y siempre la música parpadeando detrás de un trueno, del temblor.
volvamos dice....caigamos, insinúa...el árbol es inmensamente profundo y guarda todos los secretos.
y yo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario