lunes, 4 de febrero de 2013

Mississippi green flower

Para El Hombre ya todo es un recuerdo...una piedra dura en el pecho, negra, profunda...llena de fuego…pero ella destila por sus poros más tristeza que los cantos de algunos hombres en medio de plantíos abrumadores...Inagotables, en las noches ella juega con el viento y tras una mirada que se posa en mí, extiende una mano y besa su palma para después simple y desinteresadamente soltarla a la nada, al espacio que nos separa y que ahora solo tiene un mensaje inescrutable, lleno de vacío. El Hombre en un instante se sorprende al saber que cada día recuerda todo con mayor dificultad, encuentra su imagen borrosa, para luego deformarla a su antojo...llevando su mirada al extremo de crear otra imagen que no era ya su deseo, sino su furia silenciosa y limpia...alguna forma de la desesperanza. Y aunque en sueños ella viene, con sus manos de oro y las deja posarse y transitar por la piel, como ciertos ríos, llenos de espuma sonriente, de baba y luz pegajosa...de pequeños pedazos de lujuria detrozándose de espaldas a la puerta. Y esta su mirada...verde...desesperada...incierta...muerta en vida. En sus labios tiembla el miedo...esas formas simples del vacío. En su mirada se repiten en mis ojos su verdes valles, y ella es una sombra alejándose en medio de la noche hacia ninguna parte...pero aunque siempre que esa misma figura se desprende del papel y se materializa ante la mirada..se estremecen los cimientos de todo un cuerpo...un inmenso trozo del alma flota...se eleva y va....lento a caer en el espacio donde ella cien días antes, o miles de ellos en algún lejano recuerdo, envió algo que no tenía destinatario, y que como siempre son solo monedas tiradas de espalda frente a una fuente llena de nada, el precipicio mismo, ése que hace sentir el vértigo, ese majestuoso placer enfermo. Pero El Hombre se entrega a todos los círculos del infierno...en silencio y cabizbajo...manos en los bolsillos y los ojos llenos de luz...pura cotidianidad y camino, y solo está el alma que como Virgilio se empecina en engañarlo....mientras nota que ella siempre desaparece. El Hombre es un ser inapropiado para los cálculos, sosiegos y alegrías. Él sólo es, y ahí se encuentra su propio castigo, mientras tanto la dama de ojos color pradera sigue acostumbrada a tener las manos húmedas de rocío en las mañanas y sus labios llenos de miel dejando caer gotas que no tienen amo en las noches….. Pero la esperanza es un animal famélico en El Hombre que nunca muere. Y aunque pasaran 10 años más y se encontraran a diez mil kilómetros de distancia sería igual…la memoria no falla…y Él siente que algo dentro se agita como un muerto en un ataúd cuando ella dobla la esquina.