El Hombre debe respetar el fluir de las aguas que siempre han transcurrido por la misma vera, son sinuosas y cambiantes, limpias y a veces turbias pero siempre en movimiento.
El Hombre y su desdén sólo conocen la superficie de nada…pero ciertas certezas están arraigadas entre el sedimento y lo escondido en las aguas, su profundidad, la oscuridad de la noche. El Hombre sabe que ante lo inevitable solo sirve observar y sonreír, El hombre sabe y esto es un mantra: que “sólo es una circunstancia”.
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