jueves, 13 de diciembre de 2012

el mito

No importa que en el rito me atavíe con vestiduras de lunas y arcoíris, puedo ser despedazado por mujeres feroces, traspasado por una lanza de pastinaca, derribado por un hacha que detrás de mí acompaña con la sangre el sonido del estrépito, no temo ser pinchado en el talón con una flecha envenenada o arrojado por un acantilado o quemado en una pira, o ahogado en un estanque o muerto en un accidente…Sé que debo morir. No temo a un ejército con sus leyes llenas de odio ni a sus dogmas de obediencia…ni a su sed. Sé que debo morir. Imploro al tiempo una luna, acaso dos, en medio de la brisa nocturna y sus manos….bajo la arrogancia del placer, con su escueta sensación de manos llenas. No temo…se que debo morir…sólo pido un instante frente a sus ojos verdes, a sus dientes diminutos donde despiertan como margaritas blancas sonrisas y truenos…Donde descansa el temblor.

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