Irremediable, el estigma hace que un hombre cargue su cruz, su culpa, el sudor de sus pies descalzos, la soledad de su silencio, la inmensa libertad de sentirse solo. Una forma digna del abandono, una luz áspera, casi indigna. El Hombre se enferma de desilusión y melancolía y se lleva una cerveza a sus labios, distingue el frío y las burbujas que parpadean en su garganta, sabe que la decisión fue dictada...
y no es broma.
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