viernes, 12 de octubre de 2012
Yo sabré.
El Hombre incierto, su jauría hambrienta, la sed….
La sequedad tosca de la mirada, un velo, el vaho nauseabundo bajo la tela roída que permite pensar en un cuerpo como cualquier otro. La metáfora del amor….la promesa es que nadie sabrá, hasta la muerte y su último aliento, hasta el suspiro donde se renuncia a la vida…con el puño apretado el hombre escondía, escondió…todo.
Deseo navegar, quiero el silencio, una parte del adiós, la mirada posada sobre una mano que aletea desde la llanura diciendo: esta es una vasta agonía, un espejismo…
Pasan y pasan los días, se posan recurrentes algunas palabras, formas de la mímica del amor, sonrisas, unos dedos sedosos se entretienen en los labios, se van volviendo humo, polvo, escombros de un ayer. Ella no sabe…eso decían, mientras él la contemplaba jugando con unos hilos de colores…formando una telaraña que se deshacía a su capricho. Estoy vertido…Supongo, maremágnum y capricho, un suicidio empalagoso. Vertido….dado, puesto, enterrado, muerto.
Me limito a mover los ojos en sus cuencas y a sonreír desprevenido….
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