Los sonidos de Muddy se apagan con el tiempo, sus ojos ya están cerrados y el metal de las cuerdas contra sus dedos suenan a orgasmo triste…una dicha tan pasajera que es inalcanzable disfrutarla. Muddy, envidio tus dedos Muddy…la facilidad con que plasmabas el dolor de una cultura; yo sólo me quejo y me creo redimido por tener los mismos pasos consuetudinarios y arrastrados de siempre. Desearía un arma musical como la tuya…escupir mi talento, pero me es ajeno, sólo se decir que miento, que sufro y que respiro…y tu sin siquiera abrir los parpados me das una alegría que ni llegaste a imaginar.
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