
A los hombres prepotentes...los encargados de todo...los displicentes ante lo bello de la nada, los angustiosos y corredizos hombres de negocios...maestros de la muerte, los gordos indigestos de poder...sonrientes comensales de sangre ajena.
A las mujeres completas...temerosas del sudor y el dolor.
sus pasos marcados por la asepsia del dinero...A las mujeres de torres de papel, desmembradas por el sexo inocuo....aprendido a punta de rezos y complacencias.
A los días que no cambian...como un péndulo tormentoso que me lleva.
Al ruido de la gente...sus palabras y cicatrices con las que buscan complacencia, compañia.
Soy un dios atormentado y pálido....he hecho caer las hojas de muchos árboles, y cortado las flores de cuanto ser vivo se ha acercado a mí...soy un Demonio sereno...un hombre.
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