domingo, 30 de octubre de 2011

bajo


Recuerda el hombre... como desde ahora ya todo es más audible, siente el sonido recurrente de las palabras...en el pecho...invadido por un cáncer maloliente recuerda cuando las manos de ella se posaban y besaban su corazón, con los ojos cerrados lo atraviesa ése recuerdo, y únicamente logra entenderlo como un sórdido chiste o el pago por tantos errores.
Pero, toda la historia no es un sentimentalismo itinerante; sería tonto poner el pensamiento del hombre en esa perspectiva....Ella también debió ir cediendo con alguna sonrisa distraída, pudo o logro entregarse llevando los ojos cerrados y las manos empuñadas hacía ese paisaje desvalorizado pero deseoso de comenzar a ser de nuevo.
Ella también encontró...aflorar un nuevo deseo...un nuevo desengaño...
Bien decía Maqroll: "La nostalgia es la mentira gracias a la cual nos acercamos más pronto a la muerte"

viernes, 28 de octubre de 2011

Dijo El Hombre:

Yo no tengo alma, lo que creo que es sólo me sirve para darme cuenta, de que esta mal al igual que yo. De una fuente de inmundicias por más esperanza que exista sólo brota eso. Inmundicias. Dijo El Hombre: tres segundos despues, un sonido y su estrépito levantaron del suelo varias palomas que huian desesperadas de un objeto que se desplomaba conta el piso.

martes, 4 de octubre de 2011

sal

Con cuanta codicia el hombre acariciaba el pasado, ese momento de pan y mesa llena, de juegos místicos y tambaleante placer.
Llenos los labios de palabras tercas, de obsesiones desmedidas; de esas cosas esta hecho el olvido repetia el Hombre.
El silencio lo concreta todo pensó el hombre; sólo es ver como las conversaciones de los demás se esfuman finalizada la tenue presencia.
ahí esta el detalle.
eso es todo.
dejar que las palabras cubran como migajas el suelo, sin dueño.
Ni un poco de mi presencia, decía el Hombre.
Eso es ser.....No llamar las cosas...eliminar su existencia.
Pensaba el Hombre.
Triste engaño....
La falta también se nombra.

Balada del ausente-Onetti


Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.