lunes, 8 de noviembre de 2010

él


todos los transeúntes pasean bajo las gotas llenas de nubes, precipitadas e intolerantes.
mira el cigarrillo encendido y descubre que la humedad es mas rápida que los pulmones.
ha de recordar que por esos días duros del ensueño, despertaba disfrutando en silencio como siempre, del amanecer y los pequeños...ínfimos detalles del día.
El viento en los árboles que desesperados se aferraban de sus raíces, caminar sin miedo por la vida, llenarse de letras los ojos, diluir los vaivenes del tiempo en fantasías magnánimas.
sentarse agarrado de un muro alto a combatir la tormenta, desnudo, sólo mirando.
ver el tiempo caer cada vez que se enfrentaba a él.
buscar el vertedero insaciable de la vida y hundirse en esa mezcla de humillantes vejámenes y dichas dignas de un rey harapiento.
esos días...aún se podía respirar y no tenía consigo ninguna victima dispuesta ni desprevenida, era sólo él, solo, él, él sólo.
era el recuerdo disgustado ahora, era esas ansias de mundo...sin fin...abierto...un sentimiento que no lo asfixiara al inundarlo todo.
pero....
cómo poder poner en palabras ese cigarrillo húmedo y lo que alrededor y de prisa ocurre....

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