Pone calmo la mano en su rostro, tapa con sal su silencio, la verguenza de ser él, de cargar con su sombra.
cierra los ojos tratando infructuosamente de recordar otros días, de trasladarse hacia el espeso bosque donde...recordando a onetti encuentra bajo la lluvia y las hojas podridas un espejo roto,
quisiera mirarse en él.
Cierra más los ojos, hasta el dolor, se agota aún teniendo presente que no podra regresar, una música lúgubre lo envuelve todo, pero hay que dejar pasar el tiempo, la noche que siempre llega y en su rostro algo empieza a llover, ha pasado tan poco tiempo y él esta tan lejos de ése sitio que no lo alberga, el sitio donde se estanca su cuerpo como una maza oscura, como un carbón mas, como las cenizas de todo.
El juego ignoto, su anonimato,la pesadez del ayer.
Pasa todo a través de sus parpados cerrados, de la oscuridad creada por su necesidad, la necia caricia de la nada.
sigue tenue la oquedad expandiendose; saber que del vacio siempre emerge tanto dolor, piensa.
ojala el tiempo fuera ese deseo de sol y arboles, de sombra y nubes, de tabaco y lejanía, pero acá estan estos segundos desplazandose en contra de su interés y sus ganas.
remoja los labios en saliva y trata de decir algo que es frenado por el vacío.
Hay que saber -piensa-
Que esto no es mas que un deseo, que las cosas desaparezcan es simplemente la lujuria seca, ese vicio que amarra, ojala no pudiera pensar más.
algunas palomas vuelan tras el estrepito.
y dios hizo el silencio sólo un poco más prolongado.
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