El desentierro reinaba dentro de la multitud, había algo de caduco en el aire, era pesado entender los movimientos acompasados, eran el dolor, aparentemente algo los manejaba parsimoniosamente.
un arbol, un roble si mal no recuerdo, nos daba la espalda.
se movian sus hojas, era una melodía aún más sublime que los ojos pesados ante la derrota.
el silencio, el aire agobiado era tambien parte de esta escena, tres extraños llevaban en sus manos la musica triste del cortejo. que arrastraba la hojarasca.
un arbol, un roble si mal no recuerdo, nos daba la espalda.
se movian sus hojas, era una melodía aún más sublime que los ojos pesados ante la derrota.
el silencio, el aire agobiado era tambien parte de esta escena, tres extraños llevaban en sus manos la musica triste del cortejo. que arrastraba la hojarasca.
los demás, quienes si ya no había nadie?
el niño cargaba o cargó desde siempre una piedra con su nombre y a través del tiempo una inscripción se iba dibujando.
caía la noche y se agrietaba la tarde.
que sonidos esos, cómo olvidarlos?
nadie siquiera murmuro, alguien inesperadamente abrio los ojos y miro sus manos, era él.
quien seguía finalmente llevando el compas, la milonga, fumaba, cerraba aplacadamente los parpados.
sonreía.
callaba.
pero se borro el color de la ciudad y llego la noche, como una señal
sutil, siempre venía a buscarlo.
finalmente
los encuentros se dan y todo termina.
el niño cargaba o cargó desde siempre una piedra con su nombre y a través del tiempo una inscripción se iba dibujando.
caía la noche y se agrietaba la tarde.
que sonidos esos, cómo olvidarlos?
nadie siquiera murmuro, alguien inesperadamente abrio los ojos y miro sus manos, era él.
quien seguía finalmente llevando el compas, la milonga, fumaba, cerraba aplacadamente los parpados.
sonreía.
callaba.
pero se borro el color de la ciudad y llego la noche, como una señal
sutil, siempre venía a buscarlo.
finalmente
los encuentros se dan y todo termina.
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