sábado, 14 de noviembre de 2009

Atiso


Desolado

De tanto imaginarte, sonreírte, esperarte, me canso. Te veo y pregunto ¿eres tú?
Respiro tu llegada; ya sin creer.

No me pidas explicaciones.
No me quites la idea que tengo, tan vaga.
No me pruebes, por favor, en terreno firme (me harías a un lado).

Algunas veces de ti no queda nada, una pequeña lámina.
Si llegas, te aproximas, te parece bien, sencillamente será otra cosa, otra cosa, cosa de delirio.
Tendrás magnitud y calor.

Eres el otro lado del botín.
¿Comprendes?

4 comentarios:

Diana Z dijo...

¿Es este poema tuyo?

Anónimo dijo...

¿Habías notado que precisamente esta es la única entrada con un color diferente al blanco, negro o gris? Léete.

Larsen dijo...

Ésta era una mujer muerta.

Anónimo dijo...

Cómo sea.