Las manos endebles tecleando la sonrisa que se esconde, sin ser la mona lisa, detras del cristal sonriendo en medio de la nada.
La mano del perro que brinca a cada letra, sintiendo el teclear como un insignificante inoportuno.
nadie recuerda al que sostuvo la cruz, nadie al que hizo el baston que cargo Borges en su andar tanteando las sombras.
Ellos no existen, se cree que respiran, pero sin nombre las cosas no tienen ni forma ni ser, no estan.
se mueven pusilanimes dentro del anonimato.
tratan de escribir pero solo hay palabras desdibujadas.
Cortazar busca los fosforos que ya se apagaron, la pelusas, lo que aunque es vacio existe porque alguien las nombra, las necesita.
pero yo existo, estoy, soy mientras que las palabras fatigadas y distantes del sin nombre. se acallan ellas mismas.
no se soportan, no fustigan la piel ni los ojos.
pasan, se van, son una silueta inimaginada.
son el silencio.
el clavo despues de la mano pero no la mano.
la herramienta pero no el que talla el destino de Borges.
son los que no existieron.
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