lunes, 3 de noviembre de 2008

de dias y otras sombras

los amaneceres derramados en medio del frío
ella debe sentir sus pies buscando el abrigo de sabanas espesas
el gotear de los días, uno y uno mas y en fin todos lentamente pasando.
un animal se detiene a su lado y observa asombrado, la altura de sus pechos, la forma de sus ojos siempre enfermos de alegría.
afuera de las hojas se derrama lo que algun día fue lluvia y una nube alta y pasajera.
aca se le sonrie a las circunstancias, se las abraza con fervor, con odio y resentimiento.
En Santa Maria un incendio procura derrumbar ciegamente todas las cosas, voy a llamar a mi pecho Santa Maria entonces, lo voy a inundar de silencio, lo mezclaré con pausada inocencia de las peores cosas, lo dejare secarse al sol de los años, será un roble viejo y apasiguado.
Mas tarde aún podre dejar que caiga como todas las cosas.
ella esta entonces menguando el frío con aplicada paciencia
yo segregando una extraña simpatia por el ayer.
lo que fue
lo que pudo ser
lo que no será.
ella estará entonces sintiendo como se enoblece el clima en su cuerpo, el que yo pienso, ingenuamente toco.
yo estare acompañando mi mirada que ya no mira nada.
siempre dispuesto a ser solo
a no encontrar el camino.
a dejarme llover a cántaros
a seguir lo absurdo
todo.
asi al final no sea nada.

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