miércoles, 5 de diciembre de 2007

el escarabajito amarillo de tu padre


No se por que una cosa me llevo a otra, una historia y el color del anochecer. y todas esas cosas locas que se hilan por medio de recuerdos.
y también sé que en las noches de manos abiertas
donde la sobriedad y la transparencia,
los ojos de tierra húmeda,
los labios con sus rincones de arena.
En la noche, sólo en esta mientras se acerca la tempestad
y en lo alto los colores de un ayer se entrelazan con las nubes que buscan el precipicio
el cuerpo va transmutándose entre la niebla y los tonos que se lleva la oscuridad
pero persiste el recuerdo de miles de ojos siguiéndote, dejándose atrás.
y las manos reposadas frente a tus senos mansos, tristes,
donde palpita la cúpula que te expulsa la mirada entre las hojas y el rocío
escucho la voz de un aire frío que no dice nada
y cierro los ojos
siempre los cierro
para propiciarme a ti
abrirme a otra distancia imaginada
de manos entrelazadas
de sopor de lagrimas
de realidad y olvido.
no se corroe la mascara que tapa mi manto de dios perdido
y doy la espalda
y mientras espero que la lluvia caiga
pasan ojos, miles de ellos, exasperantes
con su habitual ternura
y vos....
con los días en el cuerpo
y unos dedos finísimos de seda
donde atrapas los sueños, miles de ellos.
hay gotas que se han marchitado como hojas marinas
en la noche.
hay un dios harapiento que repite enceguecido
una sola palabra inaudible y
no importa,
lo nombra todo.

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