martes, 4 de septiembre de 2007

tercera entrega

J

Alzamares.

-le dije mientras desde la cama encendía entristecido el último cigarrillo del paquete.

agarre un libro de la mesa, lo hojeé displicente y por debajo de los lentes...

Aurora se miraba los labios en el espejo, empecinada se echaba polvos en el cuerpo, se miraba alternativamente los pechos, me observaba y continuaba metódica su labor de autoafirmación. -esta soy yo, este mi cuerpo, mis años, el recuerdo de mis dolores, mi voz, mis ojos que me miran y se deslumbran, mío todo. El sol la golpeaba por un lugar que no logré descubrir pero le encendía los ojos de un miel falso que sólo ella poseía.

-Qué decís? - alzamares digo. Vos con las manos que tenes y tus ojos levantas toda el agua del mar con sólo tocarlo, jugas con su sal, con los ojos le quitas el velo al aire que mueve las hojas y te quejas, todo el día te empecinas en decir tus inseguridades bien disimuladas, te agregas, te quitas, jugas con tus atributos sin darte la menor cuenta de que sos hermosa, mucho, la más, y no te importa, pero a mi si, a veces me preocupo otras no me importa, no quiero jugar con vos a eso, es mas productivo tocarte y desearte para que te des cuenta de lo que sos entre unos dedos ajenos y no los tuyos que a veces te juzgan, yo no, nunca.

Mientras mi monólogo se desarrollaba sin contratiempos Aurora me miraba los ojos fijos en el espejo en el reflejo de los suyos, evaluando la certeza o la mentira, la seguridad o el juego.

Volteo la cabeza sonriendo y dijo muy calladamente, sos el imbécil hermoso del que siempre he querido acordarme. Se tiró sobre mí y me beso la frente. Su pelo mojado me dejo las huellas del agua en el rostro. Levantándose sin dificultad continuo la marcha silenciosa por su cuerpo. Pensando en cosas que nunca sabré.

Vos y yo estamos atados por cosas mas fuertes que la circunstancias.

sus ojos me miraron desde el espejo, pero yo no mire.

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