Juro que llegó y lo creí, ante mi Aurora, sus ojos apacibles y un largo etcétera inacabable.
Nunca pude reprocharle nada, aún en los momentos más difíciles, todo, absolutamente todo se desmigajaba en mis manos y se diluía la rabia, se desdibujaba el peso que en el estomago me crecía como un globo a punto de reventar.
Qué te hiciste? te he buscado por un infierno de tiempo, o el tiempo se me convirtió en un infierno buscándote. Dónde te metiste, que me tenias loco persiguiéndote en todos lados.
Aurora, nefasta Aurora, iba dibujando una mueca de satisfacción en los labios hasta convertirlo en sonrisa, en burla, en alegría.
Mis ojos se llenaban de cólera mientras inventaba formas de atormentarla en la noche, de hacerla sufrir, trataba de mantener la calma, pero no podía y ella lo bañaba todo con una impasible ironía que aún, mas me ardía en el cuello. que a cada grito se hinchaba hasta dolerme.
vos sos una pared, Aurora, decime donde estabas, mira como estoy, mira que hinchado tengo el cuello, mira el tipo ese como me volvió y a vos eso ni te va, ah? decime algo. Llovió mucho Aurora, a cántaros, una vez me caí y casi me ahogo, de que te reís?
Contame donde te metiste todo este tiempo, donde has estado, a donde irás?
comencé a llorar y a estirar las manos en su búsqueda, a tantear el aire que a cada movimiento mío se hacía más amplio y lloraba de soledad y de ira, algo por dentro me devoraba. no era yo, se insinuaba el pánico, tanto dolor era suficiente ya.
No quería mirarla mas, las lágrimas se escurrían y mezclaban con las manos que después de fallar en su intento de atraparla, tapaban unos ojos ahogados en sollozos.
Había un olor a sal que impregnaba todo el cuarto.
La enfermera estaba a mi lado inyectándole a la bolsa con suero algún medicamento.
- Señor, tiene a alguien que podamos llamar?
-El cuello me dolía, y no podía hablar, así que levante una ceja, y cerré los ojos mientras suspiraba. En cuestión de segundos algún otro sueño que no recuerdo comenzó su recorrido por mi mente.
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