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Ustedes y yo vamos siempre a terminar por desistir de las ventanas y los caminos habituales, nos situaremos mas allá o acá, pero el mismo punto será un encuentro, la búsqueda o la pérdida, todo debe terminar en algún sitio y cualquiera es pretexto o justificación para la renuncia.
Parado en la ventana, sacando la cabeza y media pierna, jugando con el humo del cigarrillo, las hojas goteando, los últimos despojos de una tormenta continua de muchos días.
Todo terminó sin protocolos así como empezó.
Hoy el silencio y el odio recorren sublimes mi visión de las cosas, las construye tenuemente, me hace recordar. Antes fue el apasionamiento, más tarde la esperanza magnifica, podía hacer las cosas con sólo pensarlas, a continuación el tiempo y su legado salvaje de realidad, la rabia un poco tímida, el asco a veces. Por último y sin esperanzas, el brotar necesario de la más pura y simple muestra de la derrota, la impotencia y la furia atenuadas pero magnánimas, no precoces, no. Fuertes como un yunque que cae o la salida de los primeros rayos del sol.
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