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Horas debieron pasar hasta que la claridad del día comenzó a matizar todos los colores, los árboles de hojas caídas y decrépitas, las manos de las mujeres que llevaban y traían en silencio tarros con agua desde la parte posterior de sus casas, algunas luces parpadeaban en la costa. Las aves comenzaban a revolotear, hacían piruetas entre los postes de luz y los edificios.
Varios transeúntes pasaban presurosos con la cara escondida en el abrigo y las manos en los bolsillos, alguien tosía y un perro peleaba con las aves por un pedazo de carne que trajo el mar.
Saque un cigarrillo y lo encendí, reconfortado fume por largo tiempo intercambiando uno y otro, deje mi sitio y camine por buen rato hasta el apartamento, no quería llegar.
Me recosté en la silla hasta que fui tomando calor, dormí.
Al medio día Aurora toco a mi puerta, me rodeo con un abrazo y camino hacia el baño, la oí abrir la ducha y quitarse la ropa, sin proponérmelo entre a hacerle compañía y desde la silla del baño fume mientras la veía desnuda acariciarse el pelo, tomarse los senos, pasarse las manos por el vientre, lo hacia lentamente como si de eso dependieran muchas cosas. Mirarme alternativamente, sonreír.
-estuve todo el día en el bar de Diego esperándote y no llegaste.
-vos sabes que es complicado por estas épocas de invierno no apreciar la soledad y el cigarrillo.
Ella miraba mi rostro apagado y somnoliento, sus ojos miel me impregnaban del aroma de las flores la piel. Siempre era mas interesante mirarla que cualquier cosa. La que fuera.
-me hubieras llamado, pero bueno igual salí con diego a su casa, anda como medio loco mostrándole a todos su última creación, dice que se hará famoso con ese cuadro, según él porque queda demostrada la inexistencia de dios.
Yo lo vi y aunque los pincelazos son bonitos no entiendo a que se refería. Te anda buscando por todas partes y como vos sos el único que lo soportas y él lo sabe y vos también, entonces dale la oportunidad de que se tranquilice, transmitíle con la mirada la seguridad que no tenés y que a él le sobra y veras que bien se pone.
El cigarrillo en algún momento de las líneas se apagó y lo bote por la taza del baño. -Enciéndeme uno que me gusta vernos fumar.
Las manos no dejaban de buscarse, de acariciarse incondicionales, de jugar con la espuma del jabón, quitando la grasa pegajosa del sudor.
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