Un árbol bajo el que estaba me protegía de un sol abrazante de medio día, yo estaba acostado con los pies cruzados y las manos tras el cuello como suelo hacerlo, el viento era frio y perfumado por pinos lejanos, una niña (Aurora) jugaba con la hierba y me miraba tranquila y alegre, sus ojos eran miel, su rostro diáfano, era la belleza misma alejada de la realidad que yo inventaba en medio de mi memoria de ella. La Mujer (ella) sutilmente dialogaba con las plantas que regaba con agua, los colores estaban fortalecidos por mi deseo, y La mujer (ella) miraba a la pequeña prestando atención como si no la escuchara, la niña me decía, y como si de eso pendiera la verdad, papi, anoche soñé que muchas arañitas me recorrían el cuerpo, mientras se movía como si las tuviera aún pegadas a ella, se tocaba el cuerpecito con felicidad y sonreía. Yo prestaba mucha atención, La mujer (ella) también. Nos miramos como si entendiéramos de qué se trataba.
Los ojos siempre jugaban y la niña sonreía plácidamente.
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