domingo, 2 de septiembre de 2007

cortazar



Cinco poemas para ...

1.

Ya mucho más allá del mezzo

camin di nostra vita

existe un territorio del amor

un laberinto más mental que mítico

donde es posible ser

lentamente dichoso

sin el hilo de Ariadna delirante

si espumas ni sábanas ni muslos.

Todo se cumple en un reflejo de crepúsculo

tu pelo tu perfume tu saliva.

Y allí del otro lado te poseo

mientras tú juegas con tu amiga

los juegos de la noche.

2.

En realidad poco me importa

que tus senos se duerman

en la azul simetría de otros senos.

Yo los hubiera hollado

con la cosquilla de mi roce

y te hubieras reído justamente

cuando lo necesario y esperable

era que sollozaras.

3.

Sé muy bien lo que ganas

cuando te pierdes en el goce.

Porque es exactamente

lo que yo habría sentido.

4.

(La justa errata)

habernos encontrado al final del día

en un paseo púbico.

5.

(Me gustaría que creyeras

que esto es el irrisorio juego

de las compensaciones

con que consuelo esta distancia.

Sigue entonces danzando

en el espejo de otro cuerpo

después de haber sonreído

apenas para mí).


Otros cinco poemas

1.

Todo lo que precede es como los primeros momentos de un encuentro después de mucho tiempo: sonrisas, preguntas, lentos reajustes.

Es raro, me pareces menos morena que

antes. ¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no me gusta

la cerveza. Es verdad, me había olvidado.

Y por debajo, montacargas de sombra, asciende despacio otro

presente. En tu pelo empiezan a temblar las abejas, tu mano

roza la mía y pone en ella un dulce algodón de humo. Hueles

de nuevo a sur.

2.

Tienes a ratos

la cara del exilio

ese que busca voz en tus poemas.

Mi exilio es menos duro,

le sobran las defensas,

pero cuando te llevo de la mano

por una callecita de París

quisiera tanto que el paseo se acabara

en una esquina de Motevideo

o en mi calle Corrientes

sin que nadie viniera

a pedir documentos.

3.

A veces creo que podríamos

conciliar los contrarios

hallar la centritud inmóvil de la rueda

salir de lo binario

ser el vertiginoso espejo que concentra

en un vértice último

esta ceremoniosa danza que dedico

a tu presente ausencia.

Recuerdo a Saint-Exupéry: "El amor

no es mirar lo que se ama

sino mirar los dos en una misma dirección".

Pero él no sospechó que tantas veces

los dos mirábamos fascinados a una misma mujer

y que la espléndida, feliz definición

se viene al suelo como un gris pelele.

4.

Creo que no te quiero,

que solamente quiero la imposibilidad

tan obvia de quererte

como la mano izquierda

enamorada de ese guante

que vive en la derecha.

5.

Ratoncito, pelusa, medialuna,

calidoscopio, barco en la botella,

musgo, campana, diáspora,

palingenesia, helecho,

eso y el dulce de zapallo,

el bandoneón de Troilo y dos o tres

zonas de piel en donde

hace nido el alción,

son las palabras que contienen

tu cruel definición inalcanzable,

son las cosas que guardan las sustancias

de que estás hecha para que alguien

beba y posea y arda convencida

de conocerte entera,

de que sólo eres Cris.


Cinco últimos poemas

1.

Ahora escribo pájaros.

No los veo venir, no los elijo,

de golpe están ahí, son esto,

una bandada de palabras

posándose

una

a

una

en los alambres de la página,

chirriando, picoteando, lluvia de alas

y yo sin pan que darles, solamente

dejándolos venir. Tal vez

sea eso un árbol

o tal vez

el amor.

2.

Anoche te soñé

sacerdotisa de Sekhmet, la diosa leontocéfala.

Ella desnuda en pórfido,

tú tersa piel desnuda.

¿Qué ofrenda le tendías a la deidad salvaje

que miraba a través de tu mirada

un horizonte eterno e implacable?

La taza de tus manos contenía

la libación secreta, lágrimas

o tu sangre menstrual, o tu saliva.

En todo caso no era semen

y mi sueño sabía

que la ofrenda sería rechazada

con un lento rugido desdeñoso

tal como desde siempre lo habías esperado.

Después, quizá, ya no lo sé,

las garras en tus senos, colmándote.

3.

Nunca sabré por qué tu legua entró en mi boca

cuando nos despedimos en tu hotel

después de un amistoso recorrer la ciudad

y un ajuste preciso de distancias.

Creí por un momento que me dabas

una cita futura,

que abrías una tierra de nadie, un interregno

donde alcanzar tu minucioso musgo.

Circundada de amigas me besaste,

yo la excepción, el monstruo,

y tú la transgresora murmurante.

Vaya a saber a quién besabas,

de quién te despedías.

Fui el vicario feliz de un solo instante,

el que a veces encuentra en su saliva

un breve gusto a madreselva

bajo cielos australes.

4.

Quisiera ser Tiresias esta noche

y en una lenta espera boca abajo

recibirte y gemir bajo tus látigos

y tus tibias medusas.

Sabiendo que es la hora

de la metamorfosis recurrente,

y que al bajar al vórtice de espumas

te abrirías llorando,

dulcemente empalada.

Para volver después

a tu imperioso reino de falanges,

al cerco de tu piel, tus pulpos húmedos,

hasta arrastrarnos juntos y alcanzar abrazados

las arenas del sueño.

Pero no soy Tiresias,

tan sólo el unicornio

que busca el agua de tus manos

y encuentra entre los belfos

un puñado de sal.

5.

No te voy a cansar con más poemas.

Digamos que te dije

nubes, tijeras, barriletes, lápices,

y acaso alguna vez

te sonreíste.

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